Pacientes silenciosos enfrentan una nueva incertidumbre
Hay enfermedades que se viven en silencio. No porque no duelan, sino porque quienes las padecen han aprendido a cargar con el peso del estigma, los prejuicios y las miradas ajenas. Son pacientes que muchas veces prefieren no hablar de su diagnóstico, no compartir sus preocupaciones y seguir adelante discretamente. Hoy, muchos de ellos enfrentan una nueva preocupación que poco a poco comienza a salir a la luz en OBR.
Durante años, el seguimiento médico especializado para personas con padecimientos como VIH, hepatitis virales y otras enfermedades infecciosas complejas estuvo a cargo del doctor Daniel Cadena Olea. Sin embargo, tras su reciente salida del sistema de salud, los pacientes que acuden a sus consultas de seguimiento están recibiendo una noticia inesperada: su atención ya no continuará en OBR.
Punto importante: La infectología no solo atiende VIH.
Esta especialidad médica es fundamental para el tratamiento de hepatitis, tuberculosis, infecciones hospitalarias, enfermedades tropicales, pacientes inmunosuprimidos, personas con cáncer, trasplantes y numerosos padecimientos infecciosos que requieren atención altamente especializada.
De acuerdo con testimonios de derechohabientes, la alternativa que se les está ofreciendo consiste en trasladar sus consultas y seguimiento médico a ciudades como Navojoa o Hermosillo. El problema es que detrás de esa decisión administrativa existen realidades económicas, familiares y personales que no siempre son visibles para quienes diseñan las soluciones desde un escritorio.
No todos los pacientes tienen vehículo propio. No todos cuentan con dinero para gasolina, transporte público o alimentos durante un viaje. Muchos deben solicitar permisos laborales, reorganizar el cuidado de sus hijos o incluso exponer su privacidad al explicar por qué necesitan trasladarse constantemente a otra ciudad.
Punto importante: Interrumpir tratamientos puede representar un retroceso en la salud.
En enfermedades crónicas controladas mediante medicamentos, perder consultas, retrasar estudios o suspender tratamientos por dificultades económicas puede provocar complicaciones, resistencia a medicamentos y deterioro en la calidad de vida de los pacientes.
Quizá la parte más dolorosa de esta historia es que muchas de las personas afectadas difícilmente levantarán la voz. Quienes viven con VIH, hepatitis u otras enfermedades infecciosas suelen enfrentar todavía estigmas sociales que los obligan a manejar sus diagnósticos con absoluta discreción.
Por miedo al juicio social, al rechazo o a convertirse en tema de conversación, muchos pacientes prefieren guardar silencio. Esa realidad convierte este asunto en un problema todavía más delicado, porque la ausencia de protestas visibles no significa que no exista una afectación profunda.
Punto importante: La solución no debería ser únicamente trasladar pacientes.
La infraestructura médica de una ciudad se fortalece cuando se cubren las vacantes especializadas. El traslado masivo de pacientes puede ser una medida temporal, pero difícilmente resuelve el problema de fondo relacionado con la disponibilidad de especialistas.
Especialistas en salud pública coinciden en que la ausencia de infectólogos incrementa riesgos para toda una comunidad. Estos médicos participan en el control de brotes, el manejo de infecciones complejas, la vigilancia epidemiológica y el uso adecuado de antibióticos. Su labor impacta mucho más allá de un consultorio.
Además, OBR históricamente ha sido considerado uno de los principales polos médicos del sur de Sonora. Por ello, para muchos ciudadanos resulta difícil comprender que pacientes locales deban desplazarse a otras ciudades para recibir atención especializada que anteriormente estaba disponible dentro de la propia comunidad.
Punto importante: Existen autoridades que pueden intervenir.
La Delegación del IMSS en Sonora, la dirección de la UMAE, la Secretaría de Salud estatal, organismos de derechos humanos y representantes legislativos cuentan con mecanismos institucionales para revisar la situación y buscar alternativas que permitan restablecer la atención especializada en OBR.
Es importante señalar que este tema no debe interpretarse como una confrontación entre instituciones y ciudadanos. Por el contrario, representa una oportunidad para abrir un diálogo responsable sobre la necesidad de fortalecer los servicios de salud especializados en beneficio de toda la población.
Las historias que hoy permanecen en silencio pertenecen a madres, padres de familia, trabajadores, estudiantes y adultos mayores que han logrado mantener bajo control enfermedades complejas gracias a tratamientos constantes y supervisión médica especializada. Ellos no buscan privilegios; buscan continuidad, estabilidad y acceso digno a la atención que necesitan.
La comunidad de OBR ha demostrado en múltiples ocasiones su capacidad para organizarse y respaldar causas que afectan directamente la calidad de vida de sus habitantes. Tal vez esta sea una de esas ocasiones donde la información, la empatía y el interés ciudadano pueden contribuir a que una situación silenciosa encuentre eco en las instancias responsables.
Porque detrás de cada expediente médico existe una persona. Y detrás de cada traslado obligado existe una familia que intenta seguir adelante. En una ciudad que aspira a crecer y fortalecerse, garantizar el acceso oportuno a especialistas no debería ser una excepción, sino una prioridad compartida.
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