¿En qué momento dejamos de ser la “Ciudad Blanca”?
Hubo un tiempo en que Ciudad Obregón era conocida como la “Ciudad Blanca” del noroeste. En los años 90, especialmente alrededor de 1993, se nos reconocía por el orden, la limpieza y el cuidado de nuestras calles. Era común escuchar que éramos ejemplo regional. Hoy, esa etiqueta parece más un recuerdo que una realidad.
Las vialidades con acumulación de basura, el descuido en algunas zonas del centro y los callejones saturados de residuos contrastan con aquella imagen que nos distinguía. Aunque existen jornadas de limpieza, reforestación y esfuerzos de jóvenes y voluntarios por recuperar espacios públicos, la percepción general es que hemos perdido terreno en cultura cívica y responsabilidad compartida.
No se trata solo de infraestructura o servicios públicos. Si bien el municipio ha señalado mejoras en recolección de basura y abastecimiento de agua, el desafío es más profundo: es de conciencia colectiva. El bajo porcentaje de reciclaje y la falta de separación de residuos evidencian que aún tenemos un amplio margen para evolucionar como sociedad.
El agua, por ejemplo, fue durante años un orgullo local. Proveniente de fuentes superficiales del Río Yaqui, su sabor y calidad eran motivo de comparación favorable frente a otras ciudades del estado. Hoy, aunque el organismo operador trabaja por mantener el servicio, los retos en drenaje e infraestructura en varias colonias nos recuerdan que el desarrollo urbano exige mantenimiento constante y visión a largo plazo.
Mientras tanto, ciudades cercanas como Navojoa y Los Mochis han mostrado un crecimiento que, en algunos indicadores económicos y urbanos, duplica el ritmo de Cajeme. Y si volteamos a Hermosillo, la distancia en inversión, infraestructura y dinamismo comercial parece cada vez mayor. La pregunta no es por qué ellos crecen, sino por qué nosotros no lo hacemos al mismo ritmo.
También hemos cambiado en el ánimo social. Antes era más común encontrar organización vecinal, actividades comunitarias y colaboración espontánea. Hoy, muchas veces el conflicto ocupa más espacio que las buenas acciones. Nos cuesta más darnos los buenos días y pareciera que la queja supera a la propuesta.
Sin embargo, no todo está perdido. Las campañas comunitarias, los colectivos que limpian parques, las asociaciones que promueven el reciclaje y los ciudadanos que exigen mejores prácticas son señales de que aún existe una base sólida sobre la cual reconstruir. Cajeme no ha perdido su potencial; necesita reencontrar su identidad.
¿Qué podemos ser para volver a ser la mejor ciudad para vivir? Tal vez la respuesta no esté únicamente en el gobierno ni solo en la ciudadanía, sino en la suma de ambos. Volver a sentir orgullo por nuestras calles, cuidar lo público como propio y organizarnos para exigir y proponer. Porque en OBRNoticias.com compartimos “Las noticias que vale la pena conocer”, y esta reflexión busca que los cajemenses no solo recuerden lo que fuimos, sino que trabajen juntos para decidir lo que queremos volver a ser en Ciudad Obregón.

