Abajo la complacencia, arriba la paranoia

Tras 58 años cambia por fin el modelo educativo nacional; es una acción tardía, pero más vale tarde que nunca.

“La manera de despegar es sintiendo que estás quedándote atrás. El peligro es que, si la gente está satisfecha, no existe la exigencia social de mejorar los estándares educativos” (Bill Gates).

El pasado lunes 13 de marzo el titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP), Aurelio Nuño, presentó el nuevo Modelo Educativo para la Educación Obligatoria. Educar para la Libertad y la Creatividad, el cual deriva de la Reforma Educativa puesta en marcha al inicio de la administración del Presidente Enrique Peña Nieto.

El objetivo que busca el Gobierno de la República con este nuevo modelo es que todas las niñas, niños y jóvenes tengan un acceso equitativo y reciban una educación integral que los prepare para vivir plenamente en la sociedad del siglo XXI.

Los cinco ejes que rigen al nuevo modelo educativo, que entrará en vigor en el ciclo escolar 2018-2019, son: Un nuevo currículum; la escuela en el centro del Sistema; formación y desarrollo de maestros; inclusión de todos los niños y niñas sin importar su condición social, género y origen; y la sinergia de todas entidades de gobierno.

La educación está por los suelos

Las estadísticas son altamente preocupantes, la educación en México ha quedado rezagada por años. Según la prueba PISA (Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes) 2015 los estudiantes mexicanos están en los últimos lugares de aprovechamiento educativo de América Latina. La prueba PISA da prueba del atraso del sistema educativo ya agotado desde el siglo pasado.

En 2008 se hizo por primera vez un examen a 81.000 docentes y el resultado fue que casi el 70% no lo aprobó, no obstante, actualmente los resultados no han mejorado. Es indiscutible que, uno de los mayores retos que tendrá el nuevo modelo educativo será romper con los paradigmas de aprendizajes en docentes y directivos

Pero no todo el compromiso recae en los maestros. Es hora de que todos nosotros, gobierno y ciudadanos, asumamos la responsabilidad de nuestro futuro. Es hora de mirar hacia delante, hagamos la educación “una tarea de todos”. Forjemos una cultura familiar de la educación y seamos conscientes de que sólo una mejor calidad educativa nos podrá sacar de la mediocridad económica e intelectual en la que vivimos. Si bien, el nuevo modelo educativo realmente representa una oportunidad para transformar la educación en México, hay que aprovecharla.

Ya lo decía Oppenheimer (2010): “Es un error creer que todos los problemas de la sociedad se resuelven con crecimiento económico: el crecimiento no resuelve la pobreza, la pobreza la resuelve la educación”.

Un nuevo intento

Mejorar los índices de educación ha sido una tarea constante en los últimos sexenios. Recordemos que uno de los intentos fallidos de México para modernizar la educación ha sido Enciclomedia, un programa de educación visual de 2.000 millones de dólares lanzado por el gobierno de Vicente Fox, cuyo objetivo era equipar tecnológicamente a todas las primarias públicas. Sin embargo, durante el sexenio de Felipe Calderón se decidió suspender la expansión del programa tras varias denuncias sobre irregularidades significativas en su instauración, organización, administración y operación.

Una de las principales críticas hacia el nuevo modelo educativo es que promete grandes cambios… pero no parece tener los recursos para lograrlos. Asimismo, varios especialistas en pedagogía han criticado que este proyecto es muy ambicioso, llega tarde y sin plan a largo plazo, además, existe un alto riesgo de que la siguiente administración frene esta nueva política pública.

En redes sociales los mexicanos no se han tardado en cuestionar la probabilidad de éxito que puede llegar a tener un proyecto educativo presentado por “un presidente que no ubica sus tres libros favoritos” y que solo sabe “plagiar” y de un Secretario de Educación que le gusta “ler”.

Pero dejemos de lado el escepticismo y seamos optimistas, seamos paranoicos. A México le falta una dosis de humildad para darse cuenta cuál es la verdadera posición de su educación en el contexto mundial. Todo cambio debe empezar con humildad. Aunque pensándolo bien, si el nuevo modelo educativo resulta ser como el “nuevo PRI”, ya ni hablar… ya nos jodimos.

Primero el presente, primero los niños

Es hora de abrir los ojos y darnos cuenta que nos hemos quedado atrás en relación con otros países, que la pobreza y el desempleo aumentan día a día, pero sobre todo que las niñas, niños y jóvenes que son el futuro de nuestro país, merecen una educación de calidad con equidad y una efectiva igualdad de oportunidades.

El apoyo gubernamental y privado, la protección de la propiedad intelectual y el capital de riesgo son importantes para que los países puedan incentivar la innovación. Pero la clave de todo es la educación, la calidad de la educación. De otra manera ¿cómo se explica que países como Estados Unidos, con todas sus desventajas en materia de altos costos de defensa, legales y de salud haya tenido tanto éxito? Se debe a la educación. Ése es el secreto.

Si prestamos atención al mundo, podríamos darnos cuenta que hay tanto que aprender de Finlandia, China, la India, Singapur, Israel y Suecia, países que han logrado mejorar sus niveles de educativos y reducir dramáticamente la pobreza. Sin embargo, en México hace falta humildad, pero sobre todo disciplina para continuar con las transformaciones que ya han comenzado.

Mejor educación, mejores ciudadanos

La promoción de valores cívicos y éticos en las escuelas contribuye a la construcción de ciudadanía. La UNICEF sostiene que la ciudadanía dota a las personas de la capacidad de construir o transformar las leyes y normas que ellas mismas quieren vivir, cumplir y proteger para dignidad de todos. Es indudable que, entre mejor sea la educación, mejores serán los ciudadanos.

Aunque suene romántico México debería tener visión de una educación innovadora y de calidad que forme a los ciudadanos del futuro, aquellos que contribuirán al desarrollo y crecimiento del país. Porque los buenos gobernantes son elegidos por los buenos ciudadanos. Por consiguiente, necesitamos buenos ciudadanos. Hoy, no hay nada más importante para México que transformar la educación.

El nuevo modelo educativo apuesta por una nueva generación de estudiantes con un pensamiento crítico y reflexivo, jóvenes bilingües, ingeniosos y autónomos, que se preocupen por el medio ambiente, con talento artístico o deportivo y que sean buenos ciudadanos. Una generación cuya educación sea el orgullo de la nación.

 

KARLA ACUÑA

Estudiante de Ciencias Políticas y Gestión Pública
ULSA NOROESTE
Selección Nacional de Karate Do

Advertisements

Comentarios

comentarios